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La Coctelera

Hipólito Yrigoyen

El desarrollo de la estrategia sin tiempo, caracterizada como la causa contra el régimen falaz y descreído, luego de veintiseis años signados por abstenciones, revoluciones y la obtención de una legislación electoral transparente, permitió que el radicalismo argentino accediera por primera vez al poder en 1916 de la mano de Hipólito Yrigoyen.

La obra de gobierno del Presidente Yrigoyen tuvo como criterio rector la idea de reparación entendida según él mismo señalara "como un imperio de la dignidad argentina".

Sería muy vasto reseñar la obra del gobierno yrigoyenista de ahí que sea apropiado analizar de modo suscinto solo tres aspectos de su gestión como lo fueron las relaciones internacionales, la reforma universitaria y los ferrocarriles, aspectos estos que marcaron con claridad que tras esa gestión había un proyecto de nación.

El yrigoyenismo en el poder sentó las bases de un nuevo derecho internacional donde impulsó principios de igualdad, solidaridad y amistad entre los pueblos a partir del respeto por las soberanías territoriales, instaurando aquello de que los pueblos son sagrados para los pueblos y los hombres son sagrados para los hombres.

Con la reforma de 1918 se dejó atrás un sistema universitario educativo elitista, retrógado, y excluyente para dar lugar a uno abierto, científico, humanista, participativo, incluyente, tolerante y solidario.

En lo relacionado a las concesiones ferroviarias, el gobierno de Yrigoyen impulsó acciones tendientes a priorizar la economía nacional a partir de una visión estratégica de desarrollo comenzando a desplazar los intereses coloniales que Gran Bretaña tenía en nuestro país.

Con el triunfo de la formula Yrigoyen-Luna y de la gestión evocada, es oportuno resaltar la importancia de contar con un partido político democrático, organizado, cohesionado, movilizado, que tenga claridad de proyecto y de objetivos, que asegure la conducta ética de sus miembros, y fundamentalmente que esté despojado de aquello que Yrigoyen señalaba como "las patéticas miserabilidades" de subalternizar la política al mero reparto de cargos. Alcanzados estos aspectos, puede concluirse en que no solo se estará aportando a la consolidación de un sistema democrático con calidad, sino también por el presente y el futuro del radicalismo se estará aportando a insertar nuevamente al partido político de Alem e Yrigoyen en la discusión por el poder en nuestro país.

Carlos Vila,Presidente Comité Departamental Rosario Unión CívicaRadical

Estilo "I" latina

En momentos en que las compulsas de opinión arrojan niveles de adhesión en una proporción de seis a cuatro argentinos que respaldan la gestión presidencial de Néstor Kichner, sustentadas estas sobre algunos indicadores económicos favorables de coyuntura, su entorno ha puesto en marcha el proyecto de reelección a partir de reivindicar el denominado estilo “K”.

Dicho modo de gestionar la política por parte del peronismo kichnerista, caracterizado con la consonante "K", no ha arrojado hasta el momento elementos que nos permitan calificar a dicho estilo de centro izquierda o progresista tal como muchos de sus adherentes pregonan.

Así, el estilo “K” nos permite observar como aumentan tarifas de servicios públicos y peajes, como se viola la constitución apropiándose el Poder Ejecutivo de facultades que son propias del Congreso, como se aprueba el presupuesto donde se faculta al PEN a modificarlo discrecionalmente, como se modela un Consejo de la Magistratura a la medida de los amigos de turno, como se pagaron diez mil millones de dólares al FMI ensayando una rareza discursiva de tono anti imperialista mientras se deterioran los salarios y aumentan los precios de los productos de la canasta familiar, y fundamentalmente como no se permite aquello que Leandro Alem definía como ley eterna de la democracia: el disenso, acosando de modo implacable a quien piense distinto.

Todas estas acciones enunciadas nos sitúan ante un estilo hegemónico, autoritario y personalista, que lejos puede estar de caracterizarse como progresista o de centro izquierda y que nos mueve a adherir a lo que se ha enunciado como paradoja, esto es que el estilo “K” es la continuidad del menemismo por otras vías.

A cuarenta años del golpe militar, es propicio recordar otra forma de hacer política, hablamos del modo democrático de gestión que desarrollaba Arturo Umberto Illia y al que podemos denominar estilo “I” latina, alejado de la pizza con champagne, del sushi o de los hoy en boga corderos patagónicos.-

Así, Don Arturo fue puntilloso con las cuentas, máxime tratándose de las públicas. A modo de ejemplo puede enunciarse que al dejar la Presidencia devolvió la totalidad de los fondos asignados en concepto de gastos reservados y acreditando solamente gastos por el alquiler de un frac para una representación oficial y por el viaje de un grupo de teatro independiente.

Los adversarios del gobierno del Presidente Illia se mofaron de su prédica y de su accionar democrático al amparo de una libertad de prensa que nunca fue tan extendida.

Arturo Illia entendía que un Presidente jamás debía atribuírse poderes que no le eran propios, ni era su su tarea electrizar a las masas con discursos y gestos teatrales, léase en estos tiempos incursionar en algún set de televisión que desjerarquize la investidura

Consecuente con el pensamiento y la acción del Dr.Illia, en su gobierno entre otros aspectos se aprobó el salario mínimo vital y movil, una ley de indemnizaciones cuestionada por el poder económico por favorecer a los trabajadores, una ley de medicamentos que beneficiaba a las mayorías populares y afectaba intereses multinacionales, se redujo la deuda externa de 3700 millones de dólares a 2400 millones de dólares sin tocar reservas, el presupuesto educativo fue del 25%, y en lo que respecta a publicidad de los actos de gobierno entendía que el pueblo no debía ser bombardeado con publicidad para darse cuenta de las nuevas conquistas.

Todas estas decisiones enumeradas nos sitúan ante un estilo esencialmente democrático, de responsabilidad administrativa y fundamentalmente solidario, que nos mueve en esta evocación a reivindicarlo como forma de hacer Política de Estado para la construcción de un futuro mejor para todos los argentinos

Tras haber atravesado dictaduras, terrorismo de Estado, crisis políticas y económicas profundas, podemos apreciar en toda su magnitud el estilo “I” latina que encarnaba Arturo Umberto Illia quien fue coherente con su prédica desde el llano o desde la primer magistratura, quien solo levantó su voz para defender sus convicciones, quien jamás fue sospechado de corrupción, todo lo contrario es un ejemplo permanente de austeridad republicana, por eso haciendo propias sus enseñanzas será el mejor homenaje que podremos tributarle al ciudadano más respetado de los argentinos y a la democracia en nuestro país.

CARLOS VILA

Presidente del Comité Departamental Rosario de la Unión Cívica Radical